viernes, 17 de mayo de 2013

Caminaré




Sueño con caminar. 

Nueve días al mes vivo en Logroño. Y paso el día, con casi todas sus horas, en Check In Rioja (www.checkinrioja.com). 

Paso la fregona, indico dónde está la catedral y los mejores restaurantes. Enciendo incienso y sonrío cuando me dicen 'Qué bien huele'. Riego las violetas y también la menta. Pongo y quito el cartel de: Abierto/Cerrado.

Abro la nevera con la curiosidad de si alguien habrá olvidado algo. Y sobre todo, pienso por qué tantas personas necesitan caminar.

Cuando ellos ya se han ido, me pregunto si serán capaces de disfrutar de la trama. No esperar tanto el desenlace. Dejar, en este paréntesis de sus vidas, las prisas. Dejarlas para otro momento.

Cada día, ellos se van, con sus razones y cuitas, y llegan otros. 

De aquí y de allá. En grupo o con la única compañía de sus pensamientos. Ellas y ellos. Mayores que se demuestran que son capaces de hacerlo y niños que, increíblemente, también lo son.

Cada día, ellos se van. Y yo me quedo, muerta de envidia. Pensando, una vez más, en el Camino de Santiago.

Papá, ¿caminaremos pronto?

lunes, 13 de mayo de 2013

Tengo una fotografía

Es un día soleado y estoy sobre una roca. Junto a mis hermanos, mis padres y otros amigos del campamento. Esa roca está en el borde de la Laguna Negra. 

He vuelto y he recordado esa imagen. Como era verano, tenía el pelo corto. Mi padre, cada comienzo de dicha estación decidía que me cortaran el pelo cortísimo. Como un chico. 



Me gustaría saber qué pensaba mientras miraba fijamente el objetivo. Quizá que algún día volvería a este escenario y recordaría los campamentos en los que tanto me aburrí porque las chicas solo pensaban en maquillarse y parecerles guapas a los chicos. 

Esos campamentos en los que me bañé sobre las ruinas de La Muedra, ese pueblo sumergido bajo las aguas del embalse de La Cuerda del Pozo, y en los que fui la única que, osada, se tiró por la tirolina. 

He vuelto a Vinuesa y a Soria, una vez más. He conocido a Blanca, tan tranquila y bonita.

Lo he hecho como una turista subida al Tren Campos de Castilla, que hasta el 31 de octubre propone un recorrido perfectamente guiado por los monumentos y las huellas de Machado, Bécquer y Gerardo Diego. 

Me he escapado hasta San Juan de Rabanera y he visto jaras en Numancia. He recordado aquella tormenta de verano que a Carmen y a mí nos sorprendió la primera vez que pisé este asentamiento celtíbero. 


(© Fotos CyC)

He sido consciente de qué poco queda por descubrir y de que ellos los primeros sorianos perfeccionaron muchas técnicas y nosotros lo único que hacemos es estropearlas.

He vuelto a Soria y he encontrado, una vez más, que ahí, como en La Rioja y en Aragón, están mis raíces. 

miércoles, 8 de mayo de 2013

Verdaderamente rico

De tanto usarlas hay palabras que pierden su sentido.

Mi compañero y buen amigo, Miguel de Santos -por tantos conocido como El Hedonista (www.elhedonista.es)- ha terminando detestando una: Premium. No me extraña; además, yo no entiendo por qué hay que ponerle una mayúscula.

Por mi parte, empiezo a cogerle cierta manía a gourmet. Ya se la cogí enterita a delicatessen. Son cosas que suceden... 

Todo esto para contar que, en el pueblo en el que crecí, hay tres alimentos verdaderamente ricos. Riquísimos.

Mi hermano Pablo me pide que desvele dos, pero que el tercero lo guarde para nosotros.

Así que allá voy.

Pan y queso, nada más y nada menos.

Por ello, yo habitualmente no como pan. Y es que pocos igualan al del horno de mi pueblo. El panadero, Jesús, abre a las 11.00 de la mañana y la fila de su mostrador es un buen termómetro de qué sucede en el pueblo. Uno detrás de otro, los vecinos se dan la vez y comentan la actualidad.




La miga es esponjosa. Con la humedad justa. El mejor sabor. La corteza, buenísima. La calidad de este pan es tal que no se pone duro rápidamente. Es más, cuando han pasado unos días, sigue delicioso. Las tostadas de la mañana son irresistibles.

Y el queso. Lo elaboran María Ángeles y Ernesto. Ellos fundaron hace unos años la primera (y única) quesería del pueblo. Sus quesos de Serranía del Moncayo, curado y semicurado, son junto con la mermelada de mi madre, uno de los regalos que, a las personas especiales, me gusta hacer.




(© Fotos CyC)

El tercer alimento verdaderamente rico, como me pidió mi hermano, no lo digo. 

Pero sí diré que nuestro pueblo se llama Arándiga (Zaragoza).